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El valor más grande que yo encuentro en los dibujos de Adela Breton, es la importancia que le dio tanto al color aplicado a los edificios mesoamericanos como al detalle arquitectónico, ya fuera una fecha, un talud o el nicho de una catedral colonial. En el caso de la arquitectura prehispánica, supo entender que el color en Mesoamérica era fundamental, y aunque ahora casi siempre vemos los edificios prehispánicos desprovistos de color, en el México antiguo era parte del lenguaje visual y de la imagen, de modo que contribuía a hacer patentes las referencias simbólico religiosas y otras más.
Los relieves de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas consisten en una gran disposición de serpientes emplumadas, ocho en total. Estas sierpes bífidas ocupan la mayor parte del talud del edificio y debieron ser esculpidas, estucadas y pintadas en su totalidad al momento de su ejecución. Una de las más grandes aportaciones de la artista británica fue pintar lo que ella llamó “La Pirámide de Quetzalcóatl”. Lo hizo incluyendo los diseños tanto naturalistas como geométricos sin distorsión alguna, como ella los vio. Por ejemplo, entendió la importancia de las serpientes de la pirámide, así como el papel que cumplían en la composición los personajes sentados que se alternan en las ondulaciones de la serpiente emplumada y que ostentan en su pose y vestimenta una apariencia maya. De la misma manera, supo representar los caracoles cortados o seccionados pintados de azul en la fachada oeste de la pirámide, color que ayuda a resaltar el ámbito de donde provienen, el agua. Es precisamente este tipo de información el que Adela Breton conoció muy bien y pintó correctamente, gracias a su entrenado ojo. En la misma pirámide, la cabeza de la serpiente aparece representada con un penacho de plumas, que Breton pintó de color verde. Remata ahí mismo la cola con un crótalo y tres grandes plumas de quetzal pintadas también de verde. En la parte superior del edificio, en el tablero, y a los lados de la escalera encontramos lo que Kenneth Hirth ha considerado representaciones asociadas a conquistas militares (1989, p. 72). Breton hace en su acuarela un notable contraste aprovechando el rojo del fondo del edificio o los colores que se encuentran, por ejemplo, en las representaciones de los seres humanos que aparecen pintados del color natural del cuerpo, o bien, las caracolas seccionadas de color azul.
USO DE LOS COLORES
Por otro lado, la artista recurrió al realismo donde era necesario; por ejemplo, las serpientes tienen un aspecto fiero, con las fauces bien abiertas y mostrando la lengua bífida con el colorido característico del periodo Clásico. Elizabeth Boone (1985, p. 176) menciona que en esa época “las superficies externas estaban pintadas, siendo el rojo el color más comúnmente encontrado en las paredes externas. Y donde los taludes estaban cubiertos con escultura en relieve, como en el Templo de Quetzalcóatl, esta escultura era policroma”. Si bien Xochicalco pertenece al periodo Epiclásico y no al Clásico, se observan los colores de este último periodo. Las pinturas de Adela Breton dan testimonio de esa gama cromática. |
Objetivo: Conocer la enseñanza histórica de lo que México ha dejado una huella importante de lo que viene siendo las fechas y acontecimientos relevantes que han ocurrido en nuestro entorno.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Arqueologia
La conquista musical de México
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¿Qué significa para un estudioso interesado en la música indígena descubrir en las comunidades del México de hoy rastros musicales de la labor de evangelización? Que el trabajo de evangelización afectó y conformó nuevos sectores de la comunidad indígena, para que ellos hicieran posible la práctica sonora: la interpretación de la música, la construcción de instrumentos e incluso la realización de danzas, que se consideraban indispensables para solemnizar las celebraciones del calendario católico. El presente texto está dedicado a describir el proceso de evangelización que hizo posible esa práctica sonora.
LOS PRIMEROS PASOS Los franciscanos no pudieron conmover a la población en los primeros cinco años de su estancia en nuestro territorio. Llegaron en 1524 a solicitud de Cortés, quien hincó las rodillas en el suelo para darles la bienvenida. De los 12, tres se establecieron en la ciudad de México y otros trabajaron en Texcoco. Sobre la conversión de los indígenas que vivían en el islote, Motolinia escribió: “a pesar de su derrota, los mexicanos andaban muy fríos. Era esta tierra un traslado del infierno; ver los moradores de noche, dar voces unos llamando al demonio, otros borrachos, otros cantando y bailando. Tañían atabales, bocinas, cornetas y caracoles grandes, en especial en las fiestas de sus demonios”. Y continúa explicando: Aunque en lo público no se hacían los sacrificios acostumbrados en que solían matar hombres, en lo secreto, por los cerros y lugares escondidos y apartados, y también de noche en los templos de los demonios que aún todavía estaban de pie [los frailes se habían encargado de que fueran destruidos], no dejaban de hacer sacrificios; y los diabólicos templos se estaban servidos y guardados con sus ceremonias antiguas y aun en confirmación de esto los mismos religiosos a veces oían de noche la grita de los bailes, cantares y borracheras en que andaban. Sin embargo, sabemos por Motolinia que la población al ver eso respondió menos al llamado. Por eso los religiosos intentaron “mil modos y maneras” para atraer a los naturales “en conocimiento de un solo Dios verdadero”. Viendo que en ellos todo era cantar y bailar, comenzaron entonces a reunir en los atrios de los conventos a los pequeños para enseñarles oraciones, cantando en “un tono muy llano y gracioso”. Los frailes pusieron música a las oraciones más conocidas: “Padre Nuestro”, “Ave María”, “Salve”. |
La construcción de las Pirámides
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Algunas de las pirámides más grandes del mundo se construyeron en sitios de México como Teotihuacan, estado de México, y Palenque, Chiapas. Al visitar estos u otros grandes sitios de México, lo que más nos impresiona es su presencia. Los monumentos del pasado nos asombran por su magnitud, altura y esplendor artístico, y nos llevan a pensar en sus constructores. Al enfrentar en silencio los monumentos también nos preguntamos, con frecuencia, cómo fueron hechos: ¿cómo pudieron imaginar semejantes obras pueblos que solamente contaban con herramientas de piedra y madera, y con su fuerza de trabajo humana? ¿Cómo lograron construir tan impresionantes obras arquitectónicas?
Para contestar a estas preguntas, los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico usan diversas metodologías de cálculo, en una esfera que he llamado “energética arquitectónica”, cuyo objeto es determinar los costos humanos invertidos en la construcción. He realizado muchos análisis de este tipo en la arquitectura antigua, particularmente en las pirámides mayas; los resultados nos permiten estimar el número de personas que intervinieron en la construcción y la forma de organizar el trabajo a fin de lograr semejantes proyectos de ingeniería. Este método nos muestra, de manera significativa, la equivalencia de una pirámide en trabajo humano y, por consiguiente, permite ver el pasado en su aspecto humano. El estudio de la energética arquitectónica comienza con un detallado mapa de la pirámide, los materiales empleados y las dimensiones derivadas de la investigación arqueológica. Luego se calcula el volumen de material bruto ocupado en la pirámide –piedra, madera, tierra– y así llegamos al cálculo aproximado de los materiales que fueron utilizados en la construcción de la pirámide. También debemos saber cuánto tiempo tomó hacer cada una de las tareas, ya que en la construcción de las pirámides había muchos quehaceres diferentes. Los obreros tenían que obtener los materiales en bruto, llevarlos hasta el sitio, trabajar algunos objetos (como las piedras que sirven de recubrimiento) y finalmente levantar la estructura completa. Todos esos trabajadores debían ser organizados para ser eficientes. Cualquier falla en alguna de las etapas habría retrasado el proceso en su conjunto y demasiadas fallas habrían significado la ruina del arquitecto de la realeza encargado de supervisar la obra. Todos los proyectos debían planearse de tal manera que fueran realizados en época de secas, no dedicada a la agricultura, de modo que siempre había algún plazo límite para los proyectos. Para determinar el tiempo que requería cada una de las tareas, los antropólogos deben hacer experimentos que simulen cada una de dichas etapas constructivas. Cuando trabajé en los sitios mayas de Copán, en el occidente de Honduras, y en Palenque, Chiapas, se pidió a los trabajadores que reconstruyeran los edificios antiguos excavados, bajo la supervisión de arquitectos profesionales. Tuve la oportunidad de ver a los trabajadores construyendo las paredes y colocando mortero detrás de los muros de contención, tal y como debieron hacerlo los mayas en el pasado. En algunos casos llevé a cabo experimentos independientemente del trabajo de restauración; por ejemplo, contraté a un talentoso labrador de cantera local y tomé el tiempo que le llevaba labrar una escultura maya. El resultado final de estas observaciones cronometradas nos permitió calcular los costos que implicaban las tareas constructivas y el acopio de los materiales en bruto de cada edificio. Al combinar ambos datos puede calcularse el costo aproximado de cada edificio en términos de trabajo humano, medido en días-hombre. |
Historia de los Códices Mexicanos
CÓDICE DE DRESDE
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Muy pocos manuscritos pictográficos de origen maya han sobrevivido hasta nuestros días. Los códices Dresde, Madrid y París, como su nombre lo indica, se encuentran resguardados en ciudades alejadas de su lugar de procedencia, por lo que igualmente distantes en el tiempo son los datos fehacientes que podrían ayudarnos a reconstruir las circunstancias que llevaron a estos manuscritos a alojarse en repositorios europeos.
El Códice de Dresde, desde luego, no es la excepción, ya que se han construido alrededor de su historia algunas versiones que tratan de explicar su itinerario desde la zona maya en la época del contacto con los españoles, hasta su adquisición por parte del director de la entonces Biblioteca Real de Dresde, Alemania, durante el siglo XVIII. El reconocido mayista norteamericano John Eric S. Thompson expuso la hipótesis de que este manuscrito pudo haber estado entre los obsequios enviados por Hernán Cortés al emperador Carlos V junto con otros muchos objetos en 1519. Su principal argumento se basa en la noticia que Pedro Mártir de Anglería escribió ese mismo año cuando vio los “libros innumerables” que llegaron de las Indias y que examinó directamente con sumo cuidado. Apunta el cronista italiano: Esta cita, además de considerarse una de las primeras descripciones de un códice mesoamericano visto por ojos europeos, recoge algunas características de la escritura maya que no parecen coincidir con los rasgos de otros sistemas de representación, tales como los del centro de México. No obstante, aun con la certeza de que Pedro Mártir haya conocido códices mayas, no hay una prueba contundente para asegurar que uno de esos manuscritos pudo haber sido el Códice de Dresde. El afamado epigrafista ruso Yuri Knorozov planteó una idea semejante al suponer que el documento llegó a Viena, Austria, como regalo para Carlos V, quien lo habría recibido del conquistador de Yucatán, Francisco de Montejo. Pero Knorozov no aclara que en realidad Montejo representaba a Cortés (junto con otros conquistadores) en el primer viaje en que se llevaron los famosos obsequios que vio Pedro Mártir de Anglería en Valladolid en 1519, por lo que no se trataba de un regalo personal de Montejo. Por otra parte, Michael Coe sugiere que los códices analizados por Pedro Mártir son los mismos que recogió Cortés en el área de Cozumel |
¿Como era la vida en México Prehispánico?
¿Cómo era la vida en el México prehispánico?
Los mexicas, procedentes del norte, del mítico Aztlán, llegaron tardíamente a la meseta central, por lo que tuvieron que aceptar la supremacía de Azcapotzalco, aunque no por mucho tiempo. En menos de 50 años, la "Serpiente de Obsidiana" dominó a los antiguos amos y estrechó sus anillos en torno a la Triple Alianza ?con Texcoco y Tacuba?, que dividiría el Valle en tres esferas de influencia. El espíritu inicial cambió rápidamente, y en realidad el emperador mexicano era quien predominaba sobre los otros dos. Con el tiempo, la zona de influencia azteca habría de extenderse hasta el sur, a la región maya y más allá. Así, MéxicoTenochtitlán desplegó un orgulloso señorío sobre las aguas: el soberano azteca se convirtió en sinónimo de poder y dominio. Los tributos de los pueblos circunvecinos se desbordaron sobre la ciudad. De afianzar la hegemonía económica y comercial se encargaron los pochtecas, cuyas caravanas recorrían, infatigables, miles de kilómetros de territorios altos y bajos, selváticos y semidesérticos por igual. Lujo y riqueza colmaron el Imperio, régimen teocrático y militarista que se pregonaba heredero de la milenaria cultura tolteca. Nunca antes los mesoamericanos habían sido testigos de tal esplendor.
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