lunes, 11 de noviembre de 2013

Arqueologia

XOCHICALCO Y ADELA BRETON
Hace más de cien años la artista victoriana Adela Breton (1849-1923) visitó México y fue tal el efecto que le produjeron los monumentos prehispánicos y coloniales, así como el de su gente, que plasmó sus imágenes en pinturas y dibujos a lápiz que hoy se conservan en el Museo de la Ciudad de Bristol. Destacan las acuarelas que pintó de Xochicalco en 1897, pues en ellas Breton dejó un fiel testimonio del contenido de los relieves de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas.
Fachada oeste, Pirámide de las Serpientes Emplumadas
Caracoles cortados en sección pintados de azul en el cuerpo de una serpiente con penacho y crótalo adornado con plumas. Fachada oeste, Pirámide de las Serpientes Emplumadas. Xochicalco, Morelos. 
Foto: Sue Giles / Museos, Galerías Y Archivos De Bristol
El valor más grande que yo encuentro en los dibujos de Adela Breton, es la importancia que le dio tanto al color aplicado a los edificios mesoamericanos como al detalle arquitectónico, ya fuera una fecha, un talud o el nicho de una catedral colonial. En el caso de la arquitectura prehispánica, supo entender que el color en Mesoamérica era fundamental, y aunque ahora casi siempre vemos los edificios prehispánicos desprovistos de color, en el México antiguo era parte del lenguaje visual y de la imagen, de modo que contribuía a hacer patentes las referencias simbólico religiosas y otras más.
Los relieves de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas consisten en una gran disposición de serpientes emplumadas, ocho en total. Estas sierpes bífidas ocupan la mayor parte del talud del edificio y debieron ser esculpidas, estucadas y pintadas en su totalidad al momento de su ejecución.
Una de las más grandes aportaciones de la artista británica fue pintar lo que ella llamó “La Pirámide de Quetzalcóatl”. Lo hizo incluyendo los diseños tanto naturalistas como geométricos sin distorsión alguna, como ella los vio. Por ejemplo, entendió la importancia de las serpientes de la pirámide, así como el papel que cumplían en la composición los personajes sentados que se alternan en las ondulaciones de la serpiente emplumada y que ostentan en su pose y vestimenta una apariencia maya. De la misma manera, supo representar los caracoles cortados o seccionados pintados de azul en la fachada oeste de la pirámide, color que ayuda a resaltar el ámbito de donde provienen, el agua. Es precisamente este tipo de información el que Adela Breton conoció muy bien y pintó correctamente, gracias a su entrenado ojo. En la misma pirámide, la cabeza de la serpiente aparece representada con un penacho de plumas, que Breton pintó de color verde. Remata ahí mismo la cola con un crótalo y tres grandes plumas de quetzal pintadas también de verde.
En la parte superior del edificio, en el tablero, y a los lados de la escalera encontramos lo que Kenneth Hirth ha considerado representaciones asociadas a conquistas militares (1989, p. 72). Breton hace en su acuarela un notable contraste aprovechando el rojo del fondo del edificio o los colores que se encuentran, por ejemplo, en las representaciones de los seres humanos que aparecen pintados del color natural del cuerpo, o bien, las caracolas seccionadas de color azul.
Otra muestra de aguda observación se evidencia en el detalle de los glifos y de los personajes esculpidos en las esquinas y en los lados de la escalera de la fachada oriental del templo. La Pirámide de las Serpientes Emplumadas es un edificio complejo en donde hay detalles que a veces no es fácil apreciar a simple vista; por ejemplo, las representaciones un tanto estilizadas de lo que a mí se me antojan representaciones de una deidad telúrica (en ocasiones llamada Monstruo de la Tierra) y que pueden observarse en el extremo derecho de la acuarela. Asimismo, Breton supo captar los elementos geométricos: líneas verticales y horizontales alternando su posición y colorido, verdes y amarillas (ocres) pintadas sobre una banda azul.
USO DE LOS COLORES
Por otro lado, la artista recurrió al realismo donde era necesario; por ejemplo, las serpientes tienen un aspecto fiero, con las fauces bien abiertas y mostrando la lengua bífida con el colorido característico del periodo Clásico. Elizabeth Boone (1985, p. 176) menciona que en esa época “las superficies externas estaban pintadas, siendo el rojo el color más comúnmente encontrado en las paredes externas. Y donde los taludes estaban cubiertos con escultura en relieve, como en el Templo de Quetzalcóatl, esta escultura era policroma”. Si bien Xochicalco pertenece al periodo Epiclásico y no al Clásico, se observan los colores de este último periodo. Las pinturas de Adela Breton dan testimonio de esa gama cromática.

La conquista musical de México

EL RESULTADO MÁS NOTABLE DEL TRABAJO DE CONVERSIÓN QUE LOS FRAILES FRANCISCANOS LLEVARON A CABO CON LOS NATURALES QUE HABITABAN LA CUENCA DE MÉXICO EN EL SIGLO XVI, FUE EL ESPLENDOR DEL CULTO. ESPLENDOR QUE SE ENTENDIÓ COMO SONORIDAD, YA QUE EN EL PROCESO DE EVANGELIZACIÓN EL CANTO Y EL BRILLO DE LOS INSTRUMENTOS OCUPÓ UN LUGAR CENTRAL.


En los primeros años de la dominación española, los cantos y sonidos que producían los instrumentos prehispánicos utilizados por los indios en las festividades dedicadas a sus deidades inquietaba a los españoles, quienes afirmaban que cantos y sonido eran idolátricos. Tlapitzalli, flauta tubular. MNA.
Foto: Boris De Swan / Raíces
flauta tubular
¿Qué significa para un estudioso interesado en la música indígena descubrir en las comunidades del México de hoy rastros musicales de la labor de evangelización? Que el trabajo de evangelización afectó y conformó nuevos sectores de la comunidad indígena, para que ellos hicieran posible la práctica sonora: la interpretación de la música, la construcción de instrumentos e incluso la realización de danzas, que se consideraban indispensables para solemnizar las celebraciones del calendario católico. El presente texto está dedicado a describir el proceso de evangelización que hizo posible esa práctica sonora.
LOS PRIMEROS PASOS
Los franciscanos no pudieron conmover a la población en los primeros cinco años de su estancia en nuestro territorio. Llegaron en 1524 a solicitud de Cortés, quien hincó las rodillas en el suelo para darles la bienvenida. De los 12, tres se establecieron en la ciudad de México y otros trabajaron en Texcoco. Sobre la conversión de los indígenas que vivían en el islote, Motolinia escribió: “a pesar de su derrota, los mexicanos andaban muy fríos. Era esta tierra un traslado del infierno; ver los moradores de noche, dar voces unos llamando al demonio, otros borrachos, otros cantando y bailando. Tañían atabales, bocinas, cornetas y caracoles grandes, en especial en las fiestas de sus demonios”. Y continúa explicando:
Aunque en lo público no se hacían los sacrificios acostumbrados en que solían matar hombres, en lo secreto, por los cerros y lugares escondidos y apartados, y también de noche en los templos de los demonios que aún todavía estaban de pie [los frailes se habían encargado de que fueran destruidos], no dejaban de hacer sacrificios; y los diabólicos templos se estaban servidos y guardados con sus ceremonias antiguas y aun en confirmación de esto los mismos religiosos a veces oían de noche la grita de los bailes, cantares y borracheras en que andaban.
Eran entonces el canto, la música y la danza, formas en que los antiguos mexicanos expresaban su religiosidad. Y los frailes las escuchaban y veían. Pero no podían hacer nada para mudarlas y aprovecharlas para su propósito. Así que empezaron por acercarse a los niños. Jugando con ellos empezaron a aprender las lenguas de los pueblos. Poco a poco los convencieron de vigilar a sus padres y de que los denunciaran si hacían fiesta o ceremonia. Los pequeños aceptaron y llegaron a recorrer las rutas de los mercaderes; aun se atrevieron, en Tlaxcala, a apedrear a un sacerdote indígena. Las crónicas franciscanas afirman: “Y lo planeado tuvo algo de éxito porque los adultos morían de asombro, ya que no podían poner las manos en los niños y estaban espantados de tanto atrevimiento”.
Sin embargo, sabemos por Motolinia que la población al ver eso respondió menos al llamado. Por eso los religiosos intentaron “mil modos y maneras” para atraer a los naturales “en conocimiento de un solo Dios verdadero”. Viendo que en ellos todo era cantar y bailar, comenzaron entonces a reunir en los atrios de los conventos a los pequeños para enseñarles oraciones, cantando en “un tono muy llano y gracioso”. Los frailes pusieron música a las oraciones más conocidas: “Padre Nuestro”, “Ave María”, “Salve”.

La construcción de las Pirámides

LA CONSTRUCCIÓN DE LAS GRANDES PIRÁMIDES DE MÉXICO
Los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico siguen explorando las maneras de analizar el trabajo y la organización requeridos para la construcción de las enormes pirámides de la antigüedad. Combinada con los análisis artísticos y otros estudios complementarios, la energética arquitectónica nos brinda un amplio abanico de enfoques respecto a la construcción de obras en el pasado.
La construcción de las piramides
Una de las conclusiones de la investigación del cálculo de la energética arquitectónica de la construcción es que los grandes proyectos arquitectónicos podían controlarse, organizados por administradores con experiencia y bajo la dirección de los arquitectos de la realeza. Trabajadores teotihuacanos construyendo la llamada pirámide de Sol, supervisados por un dirigente. (Teotihuacan, Estado de México, 200 d.C.) Ilustración: Iker Larrauri
Algunas de las pirámides más grandes del mundo se construyeron en sitios de México como Teotihuacan, estado de México, y Palenque, Chiapas. Al visitar estos u otros grandes sitios de México, lo que más nos impresiona es su presencia. Los monumentos del pasado nos asombran por su magnitud, altura y esplendor artístico, y nos llevan a pensar en sus constructores. Al enfrentar en silencio los monumentos también nos preguntamos, con frecuencia, cómo fueron hechos: ¿cómo pudieron imaginar semejantes obras pueblos que solamente contaban con herramientas de piedra y madera, y con su fuerza de trabajo humana? ¿Cómo lograron construir tan impresionantes obras arquitectónicas?
Para contestar a estas preguntas, los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico usan diversas metodologías de cálculo, en una esfera que he llamado “energética arquitectónica”, cuyo objeto es determinar los costos humanos invertidos en la construcción. He realizado muchos análisis de este tipo en la arquitectura antigua, particularmente en las pirámides mayas; los resultados nos permiten estimar el número de personas que intervinieron en la construcción y la forma de organizar el trabajo a fin de lograr semejantes proyectos de ingeniería. Este método nos muestra, de manera significativa, la equivalencia de una pirámide en trabajo humano y, por consiguiente, permite ver el pasado en su aspecto humano.
ENERGÉTICA ARQUITECTÓNICA
El estudio de la energética arquitectónica comienza con un detallado mapa de la pirámide, los materiales empleados y las dimensiones derivadas de la investigación arqueológica. Luego se calcula el volumen de material bruto ocupado en la pirámide –piedra, madera, tierra– y así llegamos al cálculo aproximado de los materiales que fueron utilizados en la construcción de la pirámide.
También debemos saber cuánto tiempo tomó hacer cada una de las tareas, ya que en la construcción de las pirámides había muchos quehaceres diferentes. Los obreros tenían que obtener los materiales en bruto, llevarlos hasta el sitio, trabajar algunos objetos (como las piedras que sirven de recubrimiento) y finalmente levantar la estructura completa. Todos esos trabajadores debían ser organizados para ser eficientes. Cualquier falla en alguna de las etapas habría retrasado el proceso en su conjunto y demasiadas fallas habrían significado la ruina del arquitecto de la realeza encargado de supervisar la obra. Todos los proyectos debían planearse de tal manera que fueran realizados en época de secas, no dedicada a la agricultura, de modo que siempre había algún plazo límite para los proyectos.
Para determinar el tiempo que requería cada una de las tareas, los antropólogos deben hacer experimentos que simulen cada una de dichas etapas constructivas. Cuando trabajé en los sitios mayas de Copán, en el occidente de Honduras, y en Palenque, Chiapas, se pidió a los trabajadores que reconstruyeran los edificios antiguos excavados, bajo la supervisión de arquitectos profesionales. Tuve la oportunidad de ver a los trabajadores construyendo las paredes y colocando mortero detrás de los muros de contención, tal y como debieron hacerlo los mayas en el pasado. En algunos casos llevé a cabo experimentos independientemente del trabajo de restauración; por ejemplo, contraté a un talentoso labrador de cantera local y tomé el tiempo que le llevaba labrar una escultura maya. El resultado final de estas observaciones cronometradas nos permitió calcular los costos que implicaban las tareas constructivas y el acopio de los materiales en bruto de cada edificio. Al combinar ambos datos puede calcularse el costo aproximado de cada edificio en términos de trabajo humano, medido en días-hombre.

Historia de los Códices Mexicanos


CÓDICE DE DRESDE
Códice de Dresde







Padilla Garcia hizo una copia del Códice de Dresde entre 1825 y 1826; en esa copia es posible ver que casi todas las páginas del códice muestran graves deterioros. El Códice de Dresde en Antiquities of Mexico, vol. III.
Reprografía: Juan Antonio Jose Padilla Garcia
Muy pocos manuscritos pictográficos de origen maya han sobrevivido hasta nuestros días. Los códices Dresde, Madrid y París, como su nombre lo indica, se encuentran resguardados en ciudades alejadas de su lugar de procedencia, por lo que igualmente distantes en el tiempo son los datos fehacientes que podrían ayudarnos a reconstruir las circunstancias que llevaron a estos manuscritos a alojarse en repositorios europeos.
El Códice de Dresde, desde luego, no es la excepción, ya que se han construido alrededor de su historia algunas versiones que tratan de explicar su itinerario desde la zona maya en la época del contacto con los españoles, hasta su adquisición por parte del director de la entonces Biblioteca Real de Dresde, Alemania, durante el siglo XVIII.
El reconocido mayista norteamericano John Eric S. Thompson expuso la hipótesis de que este manuscrito pudo haber estado entre los obsequios enviados por Hernán Cortés al emperador Carlos V junto con otros muchos objetos en 1519. Su principal argumento se basa en la noticia que Pedro Mártir de Anglería escribió ese mismo año cuando vio los “libros innumerables” que llegaron de las Indias y que examinó directamente con sumo cuidado. Apunta el cronista italiano:
En lo que ellos escriben son unas hojas de cierta delgada corteza interior de los árboles que se cría debajo de la corteza superior… Por donde quiera que se mire el libro abierto, se presentan dos caras escritas; aparecen dos páginas, y se ocultan bajo ellas otras dos como no se extienda a lo largo, pues debajo de un folio hay otros muchos folios unidos. Los caracteres son muy diferentes de los nuestros: dados, ganchos, lazos, tiras y estrellas y otras figuras, escritas en línea como lo hacemos nosotros [Mártir de Anglería, década cuarta, cap. VIII, 1989: 279-280].
Esta cita, además de considerarse una de las primeras descripciones de un códice mesoamericano visto por ojos europeos, recoge algunas características de la escritura maya que no parecen coincidir con los rasgos de otros sistemas de representación, tales como los del centro de México. No obstante, aun con la certeza de que Pedro Mártir haya conocido códices mayas, no hay una prueba contundente para asegurar que uno de esos manuscritos pudo haber sido el Códice de Dresde.
El afamado epigrafista ruso Yuri Knorozov planteó una idea semejante al suponer que el documento llegó a Viena, Austria, como regalo para Carlos V, quien lo habría recibido del conquistador de Yucatán, Francisco de Montejo. Pero Knorozov no aclara que en realidad Montejo representaba a Cortés (junto con otros conquistadores) en el primer viaje en que se llevaron los famosos obsequios que vio Pedro Mártir de Anglería en Valladolid en 1519, por lo que no se trataba de un regalo personal de Montejo. Por otra parte, Michael Coe sugiere que los códices analizados por Pedro Mártir son los mismos que recogió Cortés en el área de Cozumel

¿Como era la vida en México Prehispánico?

¿Cómo era la vida en el México prehispánico?
En el vasto territorio de lo que hoy es México, desde el segundo milenio antes de nuestra era hasta el año 1519, se desarrolló la excepcional civilización mesoamericana, compuesta de una gama de culturas originales: la olmeca, la maya, la mixteca, la teotihuacana, la azteca y la tolteca. En la parte más elevada de la región cultural, como simbólica pirámide natural, se encontraba el Valle de Anáhuac o de México, corazón de Mesoamérica. Las aguas atrapadas entre una cadena de volcanes formaron cinco lagos de poca profundidad, en torno a los cuales se asentaron diversos grupos humanos, en épocas distintas. La zona resultaba muy atractiva por las ventajas militares y naturales que presentaba: contaba en el interior con eficientes vías de comunicación, y por la parte exterior estaba resguardada por las montañas.
Los mexicas, procedentes del norte, del mítico Aztlán, llegaron tardíamente a la meseta central, por lo que tuvieron que aceptar la supremacía de Azcapotzalco, aunque no por mucho tiempo. En menos de 50 años, la "Serpiente de Obsidiana" dominó a los antiguos amos y estrechó sus anillos en torno a la Triple Alianza ?con Texcoco y Tacuba?, que dividiría el Valle en tres esferas de influencia. El espíritu inicial cambió rápidamente, y en realidad el emperador mexicano era quien predominaba sobre los otros dos. Con el tiempo, la zona de influencia azteca habría de extenderse hasta el sur, a la región maya y más allá. Así, MéxicoTenochtitlán desplegó un orgulloso señorío sobre las aguas: el soberano azteca se convirtió en sinónimo de poder y dominio. Los tributos de los pueblos circunvecinos se desbordaron sobre la ciudad. De afianzar la hegemonía económica y comercial se encargaron los pochtecas, cuyas caravanas recorrían, infatigables, miles de kilómetros de territorios altos y bajos, selváticos y semidesérticos por igual. Lujo y riqueza colmaron el Imperio, régimen teocrático y militarista que se pregonaba heredero de la milenaria cultura tolteca. Nunca antes los mesoamericanos habían sido testigos de tal esplendor.

Pocos saben que los aztecas no sólo se preocuparon de expandir sus dominios, sino que, deliberadamente, también reescribieron su pasado histórico; destruyeron ?por indignos? los documentos relativos a los antecedentes tribales y construyeron la nueva historia, tal como la conocemos hoy. Con ello, elaboraron lo que antropólogos y sociólogos contemporáneos llaman el "mito fundacional" del poderío tenochca: el Sol, representado por el águila, al posarse sobre el nopal marcaba el lugar donde debía establecerse MéxicoTenochtitlán, y señalaba a sus habitantes como el pueblo elegido para cumplir una misión cósmica: mantener vivo al Astro Rey. No imaginaban los pueblos mesoamericanos que la vida que conocían llegaría a su fin y que ellos serían parte esencial de un nuevo pueblo.